Liliana Herrero
arrima a esta reunión
su deseante sintaxis animista.
Abre aquí un escalón extraño
que comunica con el interior
y el páramo.
Nosotros podemos llorar, porque ella
nos habla desde
ese lugar
lleno de impresiones.
La materia del alma
trota y ojetea
en las redes virtuales del espíritu.
Con ojos de garza
vuelve la cara al paisaje.
Al fin nuestras entrevisiones
se animan y abrazan
el fugitivo signo, sin imágenes
y con rugosos sonidos.
Aire x Roland Brus
Hace 15 años
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